“La Teta Asustada” y el buen momento del cine peruano

Ahora que la película de la directora Llosa ha sido seleccionada para competir en la finalísima del Oscar con mención a la mejor película extranjera, nuestro país se toma un sorbo de entusiasmo efusivamente y se lanza a celebrar el relumbrón primerizo que significa estar disputando entre los tops del cine mundial un galardón que seguramente haría conocer más al Perú en el orbe, un país que últimamente se está poniendo de moda por los diversos logros que viene alcanzando; con esta nominación la academia hollywoodense certifica que al fin el cine peruano puede producir a niveles de calidad internacional y ese es el mensaje más importante de este hecho.

Al parecer ha sido la capacidad de presentar una historia muy bien estructurada en el lenguaje cinematográfico, con una historia que puede gustarnos o nó, por ser una temática muy explotada como es lo del terrorismo o sus rezagos, pero que, sin embargo, es muy cara a la sensibilidad progresista europea que campea en los festivales de cine del viejo continente, la que paradójicamente puede abrirle las puertas al industrial cine de Hollywood.

No es novedad esa tendencia de asociar o identificar América Latina con una atmósfera de tragedia o con escenarios de pobreza en el écran, pero este cine a veces puede sorprender como en el caso de “La Teta Asustada” porque viene acompañado de una calidad estética cinematográfica impecable logrando que el drama y la pobreza que lo enmarcan sean sublimados por la calidad de la propuesta cinematográfica que engarza una historia interesante de superación del miedo a la vida en general, como ocurre en este film.

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Personalmente preferiría ver una película peruana mostrando una imagen más actual de la sociedad peruana con su pujanza, diversidad, transformaciones, retos y desafíos, sin el sanbenito de presentar un cine que recurre a nuestros dramas pasados y la pobreza como argumento central para llamar la atención de un establishment artístico europeo o del cine independiente norteamericano políticamente correctos; prueba de ello es que “La Teta Asustada” ha costado en producción 1’200,000 mil dólares y al exhibirse en el Perú no ha recaudado más de 700,000 dólares, lo que indicaría que el público nacional, más allá de temas de marketing, no tiene mucha química con proyectos fílmicos que no saben reflejar lo que el país quiere ver de si actualmente.

Creo que el problema surge en la financiación con que se hacen estos filmes, en el caso de “La Teta Asustada” o más marketeramente “The Milk of Sorrow” (La leche de la pena) es resultado de un financiamiento español y ello lógicamente orilla a las preferencias de los que invierten –muchas veces con fondos públicos–en este tipo de películas que tienen como objeto principal los festivales europeos donde gustan mucho de ver la vitalidad de lo comunitario y social así como del exotismo del mundo en desarrollo en contraste con el avanzado pero también cansado primer mundo.

Como decían los comentaristas de cine en estos momentos, “La Teta Asustada”, demuestra la capacidad de la nueva generación de cineastas nacionales, que éstos ya están maduros y son capaces de contar historias en términos cinematográficos con gran solvencia y capacidad estética, y sin embargo les está faltando el fomento nacional e interno que invierta en ellos para que puedan reflejar a su sociedad y entren así en una relación sinérgica con ella.

Es importante pues, si queremos tener un cine que de local llegue a ser universal, se apoye al realizador de cine nacional para que tengamos un cine que no esté sometido a las preferencias de los financistas foráneos que nos dan la mano, pero que también nos pueden señalar el menú, que puede caer muchas veces en lo estereotipado.

Démosles apoyo económico a nuestros jóvenes cineastas que calidad tienen, exijamos que el ofrecido apoyo al cine nacional se haga efectivo al fin, superemos el fracaso de la la Ley N° 26370 (Ley de Cinematografía Peruana) dada en octubre de 1994, que durante casi toda su vigencia nunca transfirió los fondos debidos a los realizadores nacionales, convirtiéndose en letra muerta.

Exijo al congreso que apure con los proyectos de ley de fomento a la producción cinematográfica nacional que vienen trabajando recogiendo las experiencias exitosas de México, Argentina, Colombia y Brasil, ya que el cine no es solo una necesidad social y cultural sino también toda una industria que crea empleo y un modo de distinguir a nuestro país en un mundo poderosamente globalizado.

Esa es creo la mejor respuesta que le podemos dar a los éxitos heroicos de esta joven generación de exitosos cineastas peruanos.

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