La Fuerza de la mujer en el mundo político contemporáneo.

Con la llegada de Laura Chinchilla Miranda, candidata del oficialista Partido Liberación Nacional (PLN), a la presidencia de su país Costa Rica, nos vamos acostumbrando a ver cada vez más de ordinario como las mujeres van tomando una presencia sostenida y constante en el ejercicio del poder. Con Michelle Bachelet en Chile, que acaba de irse o con Cristina Fernández en Argentina y ahora Laura Chinchilla en Costa Rica, o con la candidata presidencial Dilma Roussef en Brasil que le tomará la posta en su partido a Lula en las elecciones de este año, vemos cómo las mujeres en América Latina han llegado para quedarse en el mundo de la política. Lejanos están los tiempos en que las mujeres han llegado al poder por circunstancias extraordinarias como Evita o Isabel Perón en Argentina, Lidia Gueiler en Bolivia o Rosalía Arteaga en Ecuador que más bien fueron flores de un día y que llegaron al poder más bien forzadas por circunstancias políticas ajenas a ellas, que las arrastraban y donde no tenían oportunidad ni paz para poder hacer algo por sus sociedades y por sus congéneres mujeres durante sus mandatos; algo que sus compañeras actuales si pueden hacer porque corresponden a un tiempo en que las condiciones de la relación Poder y Mujer han cambiado extraordinariamente.

Cierto es que hay mucho que hacer como decía el poeta Vallejo, pero nomás miremos hace quince años atrás en lo que se conoce como un hito en la historia universal en la lucha de las mujeres por sus derechos como fue la cita de Beijing en 1995, la cuarta conferencia mundial sobre los derechos de la mujer, que se realizó 20 años que las naciones unidas declararan por primera vez el año internacional dedicado a la mujer, era pues un momento importante que significaba hacer balances en los esfuerzos por darle a la mujer el sitial que le correspondía socialmente. Este fue el foro donde se va a desarrollar un universal discurso político eficaz que hoy vemos fecundamente tomando cuerpo en el campo internacional y nacional a través un protagonismo femenino que nunca antes se ha conocido en la historia, especialmente en el mundo político.

En todas las conferencias anteriores se había subrayado la importancia que la mujer participara plenamente en la adopción de decisiones y que los puntos de vista de la mujer se incorporaran en las deliberaciones y en los documentos que se aprobaban buscando comprometer a los gobiernos, pero no fue sino hasta Beijing 95, que se puede hablar verdaderamente del inicio de un nuevo capítulo en la lucha por la igualdad entre los géneros. La transformación fundamental que se produjo en la capital de China, fue el reconocimiento de la necesidad de trasladar el centro de la atención de la mujer al concepto de género, reconociendo que toda la estructura de la sociedad, y todas las relaciones entre los hombres y las mujeres en el interior de esa estructura, tenían que ser reevaluadas; únicamente mediante esa reestructuración fundamental de la sociedad y sus instituciones sería posible potenciar plenamente el papel de la mujer para que ocupara el lugar que les correspondía como participante en pie de igualdad con el hombre en todos los aspectos de la vida. Este cambio representó una reafirmación firme de que los derechos de la mujer eran derechos humanos y de que la igualdad entre los géneros era una cuestión de interés universal y de beneficio para todos.

Desde ahí ha corrido mucha agua debajo de los puentes y vemos cada día como ese pensamiento ha ido ganado espacios en todos los aspectos de la actividad humana y especialmente de la política. Es por ello que desde esta columna quiero decirles a las damas que celebro cada elección donde aparece una de ustedes asumiendo responsabilidades dado a que considero que su sensibilidad femenina y gran capacidad de organización humaniza esta actividad y la hace más perfecta pues en conjunto con el hombre hacen más perfecta la labor por tener una sociedad más justa, más rica y más interesante. En nuestro país vemos como cada vez más la mujer va tomando sitiales políticos y profesionales más expectantes, por lo que espero que en estas próximas elecciones -más allá del mandato de la ley electoral que obliga a través de un sistema de cuotas a los 25 partidos nacionales, a los 195 movimientos regionales y a los más de 3,000 movimientos políticos distritales- a invitar a participar en este tiempo electoral que se avecina para que el Perú no pierda el paso de esta nueva era que nos trae a la mujer como actor político infaltable a la hora de gobernar y administrar la el Estado y sus instituciones con ese valor agregado que sólo ellas saben darle.

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