La guerra de las placas recordatorias, otro ataque desesperado contra Lucho Castañeda, revela una gran desesperación de sus rivales.

Cuando alguien en un país como el Perú, logra arribar a una obra, logra concretar, hacer aterrizar una idea en la realidad luego de muchos desvelos, desafíos, contratiempos y avatares, es lógico que se reconozcan para la posteridad dichos esfuerzos a través de una elemental seña física o placa de bronce, esa es una tradición en el país y a decir verdad en muchos lugares, así como en muchas áreas de la actividad humana.
Se hace esto como un noble reconocimiento a los empeños aun cuando,  a veces, en el camino se cometan errores y se hagan correcciones de rumbo, porque lo primero como sabemos todos los que hacemos obra lo primero que se cae al ejecutar un proyecto es el plan.

En este asunto de las placas lo que se valora es el nervio y la lucha para hacer realidad las obras, más allá de que estas sean parte de las obligaciones de los mandatarios, ya que simbolizan una satisfacción elemental al final de la lucha por cumplir con las sagradas promesas electorales, pues no olvidemos que muchos gobernantes no hacen casi nada o simplemente maquillan las cosas; por eso cuando vemos tanta mezquindad en el caso de Lucho Castañeda que ha hecho obra y a quien no se le quiere permitir que sus obras con gran preocupación social para la capital como son las escaleras para las poblaciones, parques gigantes, puentes peatonales, hospitales de Solidaridad, el metropolitano, se puedan identificar con su persona, no podemos dar crédito a que exista tanta pequeñez de alma, y más bien entiendo que es pura desesperación ante los adelantados y decididos pasos dados por un provinciano que sabe hablar mejor con hechos contundentes que con palabras, abrazando en sus actos aquella convicción inmortal que el gran filosofo
Goethe sentenciara:  El único hombre que no se equivoca es el que nunca hace nada.

Y esa es la gran virtud de Lucho Castañeda, la valentía, pues como humano puede no haber tenido todas las respuestas en sus manos, pero su empeño ha salvado ese obstáculo y al final ha brindado una vida mejor para esta ciudad que alberga un tercio de la población del país, la cual, sin embargo, le reconoce sus esfuerzos.

Por eso amigos adversarios de esta contienda electoral por la presidencia les pedimos calma y a ese principal y poderoso grupo mediático del país que quiere poner nuevamente a un frívolo candidato de perfil incaico en palacio, les decimos recordando al gran poeta Romualdo: “…Lo podrán en el centro de la plaza, boca arriba, mirando al infinito. Le amarrarán los miembros. A la mala tirarán: ¡y no podrán matarlo!..” Porque Lucho Castañeda ya se ganó la confianza del pueblo con su trabajo discreto y constante durante estos últimos años, y  eso no se puede destruir con campañas de última hora.

Vamos Lucho seguro, seguimos pisando fuerte!

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