Lo que pasa en Australia en la otra orilla del océano pacífico por el cambio climático, debe alertar al norte peruano.

Las recientes y graves inundaciones en Australia e Indonesia, vuelven a poner en el tapete el tema clave del cambio climático. De no ser por la tremenda penetración que tiene el Internet en la sociedad australiana -alrededor del 61% según datos del 2010- y más allá del drama, que -los llamados cariñosamente “canguros”- vienen sufriendo con este desastre, la gran difusión internética de este hecho, vuelve a dar gran relevancia mundial a la preocupación sobre el cambio climático.

El año pasado las fuertes inundaciones en el centro de Europa y también las inundaciones y sequías en México en el verano boreal, significaron que ya que en este país latinoamericano se pusiera en agenda crear medidas concretas llamadas “acciones climáticas” ya saliendo del discurso y de la frase simbólica a un quehacer más concreto,  ante lo que se viene sufriendo con estos desastres que son cada vez más fuertes -cada vez que llega un cambio de estación- y que ya no son nada simbólicos. Si no  recordemos el terrible friaje que vivimos en Sudamérica y en nuestro sur el año pasado. En estos momentos, dicho sea de paso, el invierno es crudísimo en el norte del continente.

Lo que es obvio es que los fenómenos naturales, como por ejemplo, sequías e inundaciones siempre se han dado en el planeta, pero últimamente éstas se presentan con una fuerza y virulencia que sale de sus contextos normales dado a que evidentemente el clima del planeta está alterado.

Esto debe producir ya una respuesta de los Estados, las Naciones Unidas y en general de la sociedad civil mundial. Para ello debe haber una toma de conciencia que esta problemática ha llegado para quedarse, por lo menos los próximas décadas y que más bien debe encontrarse una estrategia para su estudio, prevención, asi como preparación de respuestas efectivas ante la crisis que trae consigo. Sólo así este nuevo tiempo podrá ser enfrentado a cada momento con éxito y evitaremos seguir viendo como grandes poblaciones humanas y habitats naturales padecen totalmente indefensos frente a dicho embate que se generaliza por todas partes, sea con inundaciones en Bangladesh o huaycos enormes en Ayacucho o de manera más discreta con el secado de los glaciares de Ancash.

He leído hace poco un articulo del Washington Post en que se dice que los cambios climáticos que afectan el campo de la producción agrícola pueden amplificar luego  las crisis sociales y económicas y desde luego las políticas; en especial, en lugares donde no se ha desarrollado una tecnología que permita adaptarse a estos cambios.  Es decir, en un efecto dominó el clima afecta al campo agrícola y el campo agrícola termina afectando a la sociedad en general. Por eso dicen algunos historiadores que asi declinaron grandes imperios como el romano o en el Perú los Muchick de Lambayeque, por lo que con esa experiencia histórica en el Perú y en Lambayeque en particular, no debemos esperar más tiempo para organizar una respuesta ante dicha abierta posibilidad de que pueda visitarnos en cualquier momento un mega “Niño” o “Niña”.

Hay que ponerse a trabajar para prevenir, reducir y defendernos ante los efectos del cambio climático.

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